Parte 1
Todo cambia cuando alguien nota que perdió el control que tenía sobre ti.
Al principio casi no se percibe.
Son pequeños gestos.
Silencios extraños.
Incomodidades disfrazadas de distancia.
Porque mientras una persona vive triste, insegura o rota…
es fácil manejarla.
Te acostumbras a caminar con la mirada baja.
A pedir disculpas por cosas que ni siquiera fueron tu culpa.
A sentir que siempre tienes que dar más amor del que recibes para merecer quedarte.
Y un día algo se rompe.
O tal vez algo despierta.
Puede ser una palabra.
Un cansancio demasiado viejo.
O simplemente el peso de tantos años soportando cosas que nunca debieron doler tanto.
Entonces empiezas a cambiar.
Ya no explicas todo.
Ya no ruegas.
Ya no persigues a quien claramente quiere irse.
Y ahí viene la parte que más molesta a algunos:
cuando descubren que ya no pueden hacerte volver al lugar donde aprendiste a sentirte pequeña.
Porque muchas personas soportan tu tristeza…
pero no saben qué hacer cuando finalmente decides levantarte.
Deja un comentario