👉 Katia Santana – Escritora & Poeta

Autora de *Ecos de Vida* y *Raíces del Alma*, su obra entrelaza memoria, sanación y amor propio. A través de la poesía, transforma el dolor en arte y las heridas en fuerza. Desde su historia de vida, inspira a otros a reconstruirse con dignidad, esperanza y luz.

La primera vez que ella durmió llorando en el baño fue para que los niños no la escucharan.

Él estaba en el cuarto, acostado mirando el teléfono, como si nada hubiera pasado. Afuera seguía encendida la televisión. La casa parecía tranquila.

Pero llevaba semanas sintiendo que algo entre ellos se estaba apagando y ninguno tenía el valor de nombrarlo.

Ya no discutían como antes.

Eso era lo más raro.

Simplemente dejaron de encontrarse.

Él llegaba del trabajo, se quitaba los zapatos, preguntaba cualquier cosa sobre los niños y después se perdía en el silencio de la rutina. Ella intentaba hablarle algunas noches, pero las conversaciones morían rápido, como velas sin aire.

Y aun así seguían juntos.

Seguían desayunando en la misma mesa. Seguían yendo juntos a las actividades escolares. Seguían tomándose fotos en cumpleaños donde ambos sonreían apenas lo suficiente para que nadie hiciera preguntas.

Desde afuera parecían una familia estable.

Desde adentro, la casa llevaba años sintiéndose vacía.

Ella quiso irse muchas veces.

Pero siempre aparecía algo que la detenía.

El miedo a empezar de cero.
La culpa.
Los niños dormidos en el cuarto de al lado.
La idea absurda de que quizás las cosas podían mejorar si aguantaba un poco más.

Hasta aquella noche.

Su hijo pequeño se había quedado dormido en el sofá. Ella lo cargó para llevarlo a la cama y, mientras lo acomodaba entre las sábanas, el niño abrió apenas los ojos y le preguntó medio dormido:

—Mami… ¿por qué ustedes nunca se abrazan?

Y el mundo entero se le vino abajo en silencio.

Porque entendió que los niños siempre saben.

Aunque nadie les explique nada.

Saben cuándo una casa pesa.
Saben cuándo las palabras faltan.
Saben cuándo dos personas dejaron de amarse y siguen juntas únicamente por costumbre.

Esa madrugada ella no pudo dormir.

Se quedó sentada en la cocina hasta que amaneció, mirando la taza de café enfriarse entre sus manos.

Y por primera vez dejó de preguntarse qué iba a pasar si se iba.

Lo que realmente la destruyó…

fue entender lo que ya estaba pasando por quedarse. 🌙

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