👉 Katia Santana – Escritora & Poeta

Autora de *Ecos de Vida* y *Raíces del Alma*, su obra entrelaza memoria, sanación y amor propio. A través de la poesía, transforma el dolor en arte y las heridas en fuerza. Desde su historia de vida, inspira a otros a reconstruirse con dignidad, esperanza y luz.

  • Caminantes de Historia

    Bienvenidos a mi mundo de palabras

    Hay estados emocionales que no solo te cambian el día: te cambian la manera de respirar. Y a mí, todo esto de la migración, las noticias duras, la gente deportada, la incertidumbre… me ha atravesado de una forma que no se explica con una sola palabra. Es como si me hubieran picado las alas. No porque yo no sea fuerte, sino porque hay dolores que cansan en silencio y se te meten en la voluntad.

    De pronto, lo que antes me salía natural se vuelve pesado. Lo que antes me encendía, ahora me deja mirando el techo, sin ganas de nada. Y entonces me doy cuenta de algo que también es verdad: mi escritura no se apagó, solo se quedó en pausa, protegiéndose. Porque escribir también es sentir, y cuando el corazón está saturado, a veces lo único que puede hacer es callarse un momento para no romperse.

    Hoy no me exijo brillo. Hoy me permito existir. Y si mañana vuelve una línea, una sola, yo la abrazo como quien regresa a casa. Lo que debe quedarse, se quedará.



  • Caminantes de Historia

    Bienvenidos a mi mundo de palabras

    Hace mucho que no escribo. Y no porque me haya rendido… sino porque hay días en que el alma se me queda sin voz. No todos los días estoy inspirada, y en estas fechas la inspiración se me apaga un poco más. La lejanía tiene ese efecto: te enfría por dentro aunque sigas funcionando por fuera.

    A veces uno cree que escribir es tener palabras todo el tiempo. Pero he aprendido que también se escribe en pausa. Se escribe cuando una respira hondo y aguanta. Se escribe cuando la nostalgia se sienta en la esquina del cuarto y te mira, callada. Se escribe cuando te falta alguien, cuando te faltan abrazos, cuando te falta hogar.

    Yo sigo aquí. Con mis días buenos y mis días grises. Con mi fe, con mis rutinas, con esta manera mía de no soltarme. Y aunque ahora me cueste, sé que volveré a escribir como siempre: desde lo vivido, desde lo verdadero, desde lo que duele y también ilumina.

    Si tú también estás pasando por una etapa así, no te exijas tanto. A veces no hace falta inspiración… hace falta ternura contigo misma. Lo demás regresa. Siempre regresa.

    Lo que debe quedarse, se quedará.



  • Caminantes de Historia

    Bienvenidos a mi mundo de palabras

    Cuando me resigné al olvido, regresaron los recuerdos: esos sueños infiltrados en la mirada, esa mirada que todo lo resucita. Ese poder ancestral de soñar lo irremediable, lo terrenal, lo banal, lo rutinario. Regresó el tiempo y el olvido se fue diluyendo, fragmentándose.

    Ilusa de mí, que pensé olvidar esa terrible forma de presentir… Presentir aunque la ciencia lo niegue y la razón no lo permita; presentir en los silencios y también en algunas miradas. Y hay presentires que no vienen de la superstición, sino del amor: ese que duele por dentro cuando falta lo esencial.

    Llevo ocho años sin ver a mis hijos… y ya vamos camino a nueve. A veces me repito que lo hago por ellos: por la ropa, los zapatos, el dinero, por “darles todo”. Pero la vida, con su ironía, me recuerda que lo que más necesitan no cabe en una caja ni se manda por envío: es mi presencia.

    Mi niño grande me llamó y me dijo, como quien ya no puede sostener la distancia: “Mamá, te doy de plazo hasta el día de la corte. Si sale negativa, no quiero que sigas en Estados Unidos. Quiero que te vayas a México y nos saques. Ya no puedo estar más sin verte. Nos vamos juntos. Luchamos juntos. Lo que sea”.

    Y yo me quedé con ese presentir en la garganta, buscando olvidarlo y entendiendo que no se puede, porque lo irracional te gana. Porque cuando un hijo te nombra en medio de la ausencia, el alma se te vuelve evidencia.

    Después… llega la lenta comprensión: por algo presentías, por algo intuías, y por algo tantas veces descubriste que envolverte es mejor. Es mejor la posición fetal sobre ti misma; meterte muy adentro, dejar que suceda y salir ilesa… como reinventando la vida. Pero hay verdades que no se pueden envolver para siempre: nos estamos perdiendo la mejor parte de nuestros hijos creyendo que “estar lejos y proveer” es suficiente, mientras lo que ellos piden es lo único que no se compra: tenernos cerca.

    Y entonces el tiempo regresa, y el olvido se va, y una aprende —aunque duela— que darlo todo no es solo sostener, sino estar. Aunque el mundo te exija aguantar, el corazón te exige volver.

    #madres #migracion #hijos #nostalgia #amorqueduele #familia #ausencia #poesiavivida #intuicion #reinventarse



  • Caminantes de Historia

    Bienvenidos a mi mundo de palabras

    Me quedo con lo que aprendí cuando nadie me aplaudía.

    Me quedo con las veces que tuve que respirar hondo para no rendirme.

    Me quedo con mi fe, con mi casa, con mi familia, y con esa fuerza silenciosa que se forma cuando la vida te pone a prueba y aun así decides seguir.

    Este 2025 me dejó cicatrices, sí… pero también me dejó claridad.

    Me enseñó a soltar lo que no me cuida, a callar lo que no merece respuesta, y a priorizar lo que me devuelve paz. Me enseñó que no todo lo que duele es castigo: a veces es un empujón hacia una versión más verdadera de uno mismo.

    Hoy no escribo para hacer un resumen perfecto. Escribo para agradecer.

    Agradecer por cada paso, por cada señal, por cada “aquí sigo” que me dije a mí misma en medio de días largos. Agradecer por las personas que han caminado conmigo, por los que llegaron sin hacer ruido y se quedaron, y también por los que se fueron… porque me dejaron espacio para crecer.

    Me despido de este año con el corazón en calma.

    No porque todo esté resuelto, sino porque ya entendí que mi alma no necesita tenerlo todo controlado para seguir avanzando. Me basta con tener propósito. Me basta con tener amor. Me basta con saber que lo que viene también me pertenece.

    Que el 2026 llegue limpio, fuerte y generoso.

    Que me encuentre más libre, más consciente, más fiel a mí.

    Que lo que no sume, se aparte.

    Y que lo que debe quedarse… se quedará.



  • Caminantes de Historia

    Bienvenidos a mi mundo de palabras

    De niña nunca tuve una bicicleta, pero tenía lo más grande: mi familia cerca… y el calor inmenso de mis abuelos, esa sobreprotección que te arropa el alma aunque no haya nada más.

    Nunca tuve espejos.

    Ni un cepillo de pelo lindo.

    Ni peinetas de colores.

    Ni cadenas de oro.

    Crecí con muy poco, de ese “poco” que se nota en las manos, en la ropa, en los detalles… pero que no pesa cuando te esperan en casa y alguien te dice “ven acá, mi niña”.

    Pasó el tiempo.

    Y la vida, como si quisiera compensarme, empezó a llenarme de cosas.

    Lo que un día fue sueño, hoy me sobra.

    Por bicicleta… tengo un carro.

    Por falta de peines, peinetas y cepillos… tengo de todos los colores.

    Por lo que antes no alcanzaba… ahora alcanza, y a veces hasta se pasa.

    Y aun así…

    Hay una diferencia que no se compra.

    Porque lo material se acumula, se guarda, se cambia, se reemplaza.

    Pero el abrazo de los tuyos no tiene sustituto.

    La risa en la mesa, la voz que te llama por tu nombre, la mirada de alguien que te conoce de verdad… eso no se compra con nada.

    Hoy tengo más cosas.

    Pero me faltan mis seres queridos.

    Y ahí está la gran verdad que nadie te enseña cuando eres niña:

    que puedes llegar a tenerlo todo… y sentirte incompleta si te faltan los que te hacían sentir en casa.

    Lo material me sobra.

    Pero el amor… el amor es lo único que cuando falta, se nota en cada rincón.

    #familia #nostalgia #infancia #abuelos #loquetengoyloquemefalta #amorenladistancia #reflexiones #vida #memorias #KatiaSantana



  • Caminantes de Historia

    Bienvenidos a mi mundo de palabras

    Hace muchos días quería escribir sobre esto.

    Me molesta la percepción vana y vacía de personas frías de alma y de corazón, que miran desde el juicio y no desde la comprensión.

    Me duele cómo se malinterpreta a una mujer que trabaja, que cumple con su puesto, que no abandona sus responsabilidades, pero que también es humana.

    Una mujer que puede regalar un abrazo, una sonrisa, un gesto de cercanía, sin que eso signifique otra cosa.

    ¿Por qué se señala a quien no invade, pero sí recibe visitas constantes en su espacio de trabajo?

    ¿Por qué se cuestiona a quien permanece en su lugar, pero no a quien interrumpe, se acerca, conversa o busca ese minuto de risa?

    A veces el problema no es el gesto, sino la mirada que lo juzga.

    A veces, trabajar en Estados Unidos es aprender a traducirse a uno mismo.

    Vengo de una cultura donde el abrazo no se pide, se da.

    Donde el saludo lleva calor, donde un beso en la mejilla no invade, acompaña.

    Donde tocar un hombro es decir “te veo”,

    y estrechar a alguien es una forma de respeto, no de exceso.

    Pero aquí, en espacios donde conviven tantas nacionalidades, el cuerpo también es juzgado.

    El gesto se malinterpreta.

    La cercanía se confunde.

    Una mujer que abraza, que sonríe, que saluda con afecto,

    no siempre es vista como alguien amable,

    sino como alguien “demasiado libre”,

    como si el cariño tuviera precio,

    como si el afecto fuera sinónimo de liviandad.

    Y no.

    No es coqueteo.

    No es provocación.

    No es falta de valores.

    Es cultura.

    Es raíz.

    Es isla.

    Ser cubana es llevar el corazón por fuera,

    es no saber saludar desde la frialdad,

    es no entender la distancia como norma.

    He aprendido a cuidar mis gestos,

    no porque estén mal,

    sino porque el mundo no siempre sabe leerlos.

    Pero no renuncio a quien soy.

    Porque abrazar no me hace menos digna.

    Ser cálida no me hace ligera.

    Y amar a la gente no me convierte en algo que no soy.

    Soy una mujer íntegra,

    con historia, con valores, con alma.

    Y si mi forma de estar en el mundo incomoda a algunos,

    eso no me ensucia…

    solo revela desde dónde miran ellos.

    Es una lástima que lo que escribo aquí no llegue justamente a quienes más lo necesitan leer.

    A quienes juzgan sin preguntar,

    a quienes miran desde la frialdad

    y no desde la humanidad.

    Es una lástima no tener su contacto,

    no poder ofrecerles estas palabras como puente,

    como explicación,

    como invitación a mirar distinto.

    Cómo me gustaría que este texto llegara a ellos.

    No para convencerlos,

    sino para que, al menos una vez,

    miraran con menos dureza

    y con un poco más de alma.



  • Caminantes de Historia

    Bienvenidos a mi mundo de palabras

    Dicen que en cada historia de amor hay dos latidos:

    uno que corre descalzo hacia el fuego

    y otro que se queda mirando desde la sombra.

    Así eran ellos.

    Uno amaba con una intensidad que daba miedo:

    con las manos abiertas, con el alma sin paredes,

    con la fe ingenua de quien cree que el amor puede salvarlo todo.

    El otro… no.

    No por maldad, sino por cobardía.

    Porque amar de verdad exige desarmarse,

    y no todo el mundo soporta verse desnudo por dentro.

    Uno escribía mensajes largos.

    El otro contestaba con silencios.

    Uno imaginaba futuros.

    El otro apenas sobrevivía al presente.

    Y aun así se mantenían allí,

    en ese espacio invisible donde se encuentran

    los que sueñan con los que no saben soñar.

    Un amor partido en dos.

    Hasta que un día, el que amaba abrió los ojos.

    Comprendió que el amor no es una limosna, ni un sacrificio,

    ni un altar donde uno se entrega

    y el otro solo observa desde lejos.

    Entendió que amar también es saber irse.

    Que la dignidad tiene un brillo más fuerte que cualquier ilusión.

    Y con esa verdad en el pecho, se marchó.

    No con rabia.

    No con reproches.

    Sino con la paz silenciosa de quien por fin se elige a sí mismo.

    El que no amaba se quedó con la duda,

    con esa punzada que solo sienten

    los que no supieron cuidar lo que tenían.

    Porque la vida siempre cobra su factura:

    nadie escapa del vacío que deja

    un corazón que realmente amó.

    Así terminó esa historia.

    No con un beso, ni con un “para siempre”,

    sino con la verdad más simple del mundo:

    A veces dos se encuentran,

    pero solo uno sabe amar.



  • Caminantes de Historia

    Bienvenidos a mi mundo de palabras

    Nadie sabía sus nombres.

    Nadie conocía su historia.

    Solo se decía —en voz baja, casi como un rezo prohibido—

    que cuando la ciudad dormía, ellos despertaban.

    Se encontraban siempre en el mismo lugar:

    un rincón oculto donde las luces parecían derretirse

    y el silencio tenía el sabor del peligro.

    Ella llegaba primero.

    Su cuerpo era una sombra cálida, un secreto bien guardado.

    Él aparecía después, con ese paso firme que estremecía el aire

    y esa mirada que sabía desvestir sin tocar.

    No hacían falta palabras.

    Sus ojos se reconocían antes que sus manos.

    Cuando él la rozaba, aunque fuera apenas con la punta de los dedos,

    el mundo se hacía más pequeño,

    más íntimo,

    más de ellos.

    Ella cerraba los ojos,

    y él se acercaba por detrás,

    respirándole el alma,

    desordenándole los miedos.

    —Somos un peligro juntos —susurró ella una noche.

    —Somos destino —corrigió él, besándole el cuello.

    Y era cierto.

    Porque cuando sus labios se encontraban,

    la noche temblaba.

    Cuando sus cuerpos se unían,

    el tiempo dejaba de existir.

    Y cuando sus manos se buscaban,

    los relojes parecían olvidar cómo seguir.

    No era amor común.

    Era algo más hondo,

    más salvaje,

    más necesario.

    Eran dos mitades hechas de deseo,

    dos fuegos que solo ardían cuando estaban juntos.

    Cuando el amanecer comenzaba a pintar el cielo,

    ellos se separaban sin tristeza.

    Sabían que el día no les pertenecía.

    Pero la noche…

    la noche era toda de ellos.

    La ciudad seguía dormida,

    pero el mundo ya había sido testigo

    de otra batalla ganada por la pasión.

    Por eso la gente decía, sin atreverse a gritarlo:

    “Cuidado con la oscuridad… ahí viven los amantes de la noche.”



  • Caminantes de Historia

    Bienvenidos a mi mundo de palabras

    Hay días en los que la vida pesa más de lo que mostramos.

    Días en los que el alma cruje un poco,

    en los que la rutina parece un desierto

    y el corazón camina con pasos prestados.

    Pero incluso en esos días,

    hay pequeñas fuerzas silenciosas

    que nos sostienen sin que lo advirtamos.

    Nos sostiene la fe,

    aunque sea diminuta, aunque tiemble.

    Esa fe que no hace ruido,

    pero abre un espacio pequeño donde respirar.

    Nos sostienen los recuerdos buenos:

    las voces que ya no escuchamos,

    las manos que alguna vez nos cuidaron,

    las calles que guardan la versión más inocente de quienes fuimos.

    San Blas, por ejemplo,

    con su olor a café recién colado

    y esa luz antigua que nunca se apaga del todo.

    Nos sostiene también la esperanza,

    esa terquedad luminosa

    que insiste en que mañana puede ser diferente.

    Aunque no sepamos cómo,

    aunque no tengamos pruebas,

    ella sigue ahí, fiel como un farol.

    Nos sostiene el amor propio,

    ese que aprendemos a pulir con los años,

    cuando entendemos que nadie puede ocupar el lugar

    que solo nosotros sabemos llenar.

    Nos sostienen los sueños,

    incluso los más pequeños:

    un libro que queremos terminar,

    una llamada que esperamos,

    una frase que aún no ha nacido

    pero ya toca la puerta de nuestra voz.

    Y nos sostienen las personas que cruzan nuestra vida

    dejando luz sin pedir nada a cambio.

    A veces son familia,

    a veces amigos,

    a veces simples caminantes que nos recuerdan

    que todavía existe bondad en el mundo.

    Todo eso, lo visible y lo invisible,

    lo que duele y lo que salva,

    nos va sosteniendo sin que lo notemos.

    Porque el ser humano tiene una capacidad hermosa:

    la de seguir de pie incluso en los días en que no sabe cómo lo hace.

    Y quizás ahí esté el secreto:

    en reconocer que no caminamos solos,

    que hay fuerzas suaves,

    doradas,

    silenciosas,

    que nos levantan aun cuando nadie lo ve.



  • Caminantes de Historia

    Bienvenidos a mi mundo de palabras

    Hoy comparto con ustedes algo muy especial:

    la portada y la contraportada de mi nuevo libro.

    Un poemario que nació de noches profundas, de silencios que hablaban solos

    y de ese amor que, a veces, en lugar de salvarnos… nos desnuda el miedo.

    Cada página está escrita con sinceridad, con fuego, con dudas y con verdad.

    Es un libro íntimo, vulnerable y valiente, donde exploro

    lo que sentimos cuando amamos desde la piel, desde el alma

    y desde lo que callamos.

    Muy pronto estará disponible en Amazon KDP.

    Gracias por acompañarme en este camino.

    Gracias por leerme, por sentir conmigo

    y por ser parte de esta historia dorada que voy construyendo.

    No he parado de escribir.

    Escribir me sana el alma.

    — Katia Santana Palacio