Le pregunté a Dios, bajito… como quien no quiere molestar al cielo:

“¿Por qué me estás llevando por aguas tan oscuras?”

Y Él me respondió sin gritar, pero firme:

“Porque hay lugares donde solo entra el que confía, y a tus enemigos se les acaba el aire.”

Le dije con el alma cansada:

“Siento que no doy la talla, que por más que intento, siempre falta algo.”

Y Él me sostuvo con una verdad sencilla:

“No te falta nada. Te estoy puliendo. Lo que tú llamas ‘fracaso’, Yo lo llamo ‘formación’.”

Entonces pregunté, con la voz partida:

“¿Y por qué duele tanto? ¿Por qué a veces me siento tan pequeña?”

Y Él respondió:

“Porque en esa pequeñez nace Mi fuerza. Ahí es donde Yo me veo.”

Volví a hablarle, esta vez con los ojos mojados:

“¿Por qué tantas decepciones? ¿Por qué tantas puertas cerradas?”

Y Él me dijo:

“Porque no todo lo que se fue era pérdida. Hay puertas que se cierran para salvarte. Y hay cosas que duelen porque te estaban frenando sin que lo supieras.”

Katia Santana Palacio — Escritora

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