La niña que fuiste sigue esperándote

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Nadie nos prepara para envejecer. Nos preparan para crecer, para producir, para lograr, pero nadie nos sienta a explicarnos que un día vamos a mirarnos al espejo y no vamos a reconocer del todo a la persona que nos devuelve la mirada.

Y sin embargo, ahí adentro, sigue viva la niña que fuimos. La que se reía sin motivo. La que creía que el mundo era enorme y generoso. La que no sabía todavía lo que costaba sostenerse a una misma.

Envejecer no es perder a esa niña. Es cargarla con más cuidado.

A veces confundimos la madurez con el olvido, como si hacernos grandes significara dejar atrás la curiosidad, el asombro, las ganas de jugar con la vida. Pero la vejez que más duele no es la de las arrugas.

Es la de quien dejó de asombrarse hace mucho tiempo.

Vuelve, aunque sea un momento al día, a esa niña que fuiste. Pregúntale qué le gustaba. Qué la hacía reír sin razón. Y hazlo, aunque tengas el doble de la edad que tenías entonces.

Katia Santana Palacio — Escritora

2 respuestas a «La niña que fuiste sigue esperándote»

  1. Un texto muy bonito y lleno de reflexión. Me gusta la idea de que crecer no significa olvidar a la niña que fuimos, sino aprender a cuidarla y mantener viva su ilusión, su alegría y su capacidad de asombro.

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  2. Muchísimas gracias por tomarte el tiempo de leerlo con tanta atención. Me alegra saber que ese fue el mensaje que llegó hasta ti. Creo, como tú, que crecer no significa abandonar a la niña que fuimos, sino aprender a protegerla, escucharla y permitir que siga recordándonos la capacidad de asombrarnos. Gracias por compartir una reflexión tan bonita. Un abrazo. 🌷

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