El lugar donde mi alma empezó a apagarse

A veces, la vida empieza a doler demasiado en ciertos lugares. Y uno no entiende por qué.

Trabajas. Intentas hacerlo bien. Das lo mejor de ti. Te esfuerzas por encajar, por mantener la paz, por sobrevivir emocionalmente a ambientes que poco a poco te van apagando.

Hasta que algo cambia. Las puertas comienzan a cerrarse. La ansiedad aumenta. Las personas muestran rostros distintos. Y lo que antes parecía estabilidad empieza a sentirse como una prisión silenciosa.

Durante mucho tiempo pensé que perder ciertos lugares era una desgracia.

Hoy creo algo diferente. Creo que existen momentos en los que Dios permite incomodidades, rupturas y despedidas porque sabe que el alma ya no puede crecer ahí. Porque hay lugares donde la costumbre se convierte en jaula.

Y aunque salir duela, aunque dé miedo empezar otra vez, a veces ser arrancados de ciertos caminos termina siendo una forma de salvación.

No toda pérdida viene a destruirte. Algunas llegan para devolverte a ti mismo.

Katia Santana Palacio — Escritora

Una respuesta a «El lugar donde mi alma empezó a apagarse»

  1. A veces la vida no te rompe de golpe.A veces simplemente te deja demasiado tiempo en lugares donde tu alma empieza a marchitarse en silencio.

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