A veces,
la vida empieza a doler demasiado
en ciertos lugares.
Y uno no entiende por qué.
Trabajas.
Intentas hacerlo bien.
Das lo mejor de ti.
Te esfuerzas por encajar,
por mantener la paz,
por sobrevivir emocionalmente
a ambientes que poco a poco
te van apagando.
Hasta que algo cambia.
Las puertas comienzan a cerrarse.
La ansiedad aumenta.
Las personas muestran rostros distintos.
Y lo que antes parecía estabilidad…
empieza a sentirse como una prisión silenciosa.
Durante mucho tiempo pensé
que perder ciertos lugares
era una desgracia.
Hoy creo algo diferente.
Creo que existen momentos
en los que Dios permite incomodidades,
rupturas y despedidas
porque sabe que el alma ya no puede crecer ahí.
Porque hay lugares
donde la costumbre se convierte en jaula.
Y aunque salir duela,
aunque dé miedo empezar otra vez,
a veces ser arrancados de ciertos caminos
termina siendo una forma de salvación.
No toda pérdida viene a destruirte.
Algunas llegan
para devolverte a ti mismo. 🌙
Katia Santana Palacio
Escritora
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