Hay personas que llegan a la vida como si fueran a quedarse para siempre. Se instalan en los días, en las rutinas, en los silencios… y uno, sin darse cuenta, empieza a hacerles espacio como si fueran hogar.
Pero no todo lo que llega… es destino.
Algunas presencias no vienen a quedarse, vienen a mostrarte algo. A enseñarte lo que mereces… o lo que no debes volver a aceptar. A tocar una herida… o a despertarte de un lugar donde llevabas tiempo dormida.
Y aunque duela admitirlo, hay despedidas que no son pérdidas… son orden.
Porque la vida, en su forma más sabia, no te quita… te acomoda. Te aparta de lo que no es contigo, incluso cuando tú aún querías intentarlo un poco más.
Aceptar eso no es frialdad… es crecimiento. Es entender que aferrarse también puede ser una forma de perderse a uno mismo.
Por eso, cuando algo se va, no siempre hay que correr detrás. A veces, lo más valiente… es dejarlo ir en paz.
Porque lo que realmente está hecho para ti… no necesita que lo persigas, ni que lo sostengas con miedo.
Se queda.
Y lo que debe quedarse… se quedará. ✨
Deja un comentario