Hay personas que entran en nuestra vida con una sonrisa perfecta y palabras que parecen sinceras. Las observamos durante mucho tiempo, tratando de entender por qué algo dentro de nosotros no termina de encajar. Todo parece normal, incluso amable… pero en el fondo del corazón hay una pequeña voz que no se calla.
La intuición no grita, susurra.
A veces casi caemos en el juego, casi creemos en lo que vemos con los ojos y no en lo que sentimos en el alma. Pero hay algo más grande que nosotros que siempre está atento. Llámalo destino, llámalo universo o llámalo Dios. Esa fuerza invisible nos detiene justo a tiempo, como una mano suave que nos aparta del borde.
Con los años uno aprende que la intuición es una forma de protección. Es la sabiduría del espíritu avisándonos que no todo lo que brilla es verdad.
Por eso, cuando algo dentro de ti no encaje, no lo ignores. Escucha esa voz tranquila que vive en tu interior. Muchas veces es Dios hablándote en silencio para cuidarte de lo que aún no puedes ver.

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