Mi historia comienza así;……
Hay silencios que no duelen… solo pesan.
Y en esa quietud donde el mundo se apaga,
a veces uno se encuentra de verdad.
Este poema nació en uno de esos días
en que el alma decide escucharse.
Poema
La soledad me visita,
no como enemiga,
sino como espejo.
Me sienta frente a mí,
me ofrece un café sin azúcar,
y me obliga a mirarme sin disfraces.
En su silencio,
me enseña a escuchar mis heridas,
a reconocer los nombres de mis ausencias,
a abrazar mis vacíos sin miedo.
A veces lloro,
otras veces solo respiro…
Y descubro que no estoy tan rota,
que sigo viva,

que mi corazón —aunque cansado—
aún late con esperanza.
La soledad no siempre destruye.
A veces… simplemente limpia el alma.

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