No sé en qué momento dejé de creer en las intenciones de la gente.
Tal vez fue la vida, con todos sus golpes y sus máscaras.
Tal vez fue tanto el daño acumulado que ya no sé distinguir entre una mano amiga y una que viene a herirme.
Cuando alguien se acerca, no sé si traerá luz o sombra.
Y eso cansa.
Cansa tener que analizar cada gesto, cada palabra, cada sonrisa, como si fuera una trampa.
Cansa no poder descansar ni siquiera en la calma.
No confío. Ni en mi sombra.
Porque incluso ella, a veces, me ha acompañado solo cuando hay sol.
🌙 — Katia Santana Palacio
Replica a Oscar Meraz Cancelar la respuesta