Hay días en que una se cansa de tanto ruido: de las explicaciones, de las discusiones sin sentido, de tener que justificar por qué elige la paz y no el drama.
Llega un momento en que entiendes que el silencio no es debilidad.
Callas no porque no tengas qué decir, sino porque aprendiste que no todos merecen escucharte.
El silencio también sirve para recordar quién eres, para sanar lo que no se dijo, para volver a sentir sin interrupciones. Hay batallas que solo se ganan en calma, lágrimas que solo se entienden en soledad, y renacimientos que ocurren cuando nadie te mira.
Así que si un día desapareces un poco, no te sientas culpable.
Estás volviendo a ti. Y a veces, eso es más urgente que complacer al mundo.
Katia Santana Palacio — Escritora

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