El dinero que llega y el abrazo que no

Published on

╱

Viernes, 9 de octubre de 2026Por Katia Santana Palacio

MI VOZ

EmigraciónMaternidadFamiliaCrianza

Una mirada íntima a los vínculos que cruzan fronteras.

Opinión / Emigración y familia

El dinero que llega y el abrazo que no

Las remesas pagan la escuela, la medicina y el techo. Pero ningún envío ha aprendido todavía a dar un abrazo.

Por Katia Santana Palacio · Escritora

Katia Santana Palacio, escritora

Katia Santana Palacio

Escritora y autora de la columna Mi Voz.

Hay un día del mes que ordena la vida de muchas familias emigradas: el día del envío. Antes, las cuentas, la comparación de comisiones, la espera del mejor cambio. Después, el mensaje que confirma la llegada y una tranquilidad que dura lo que dura el alivio.

El dinero que llega hace cosas concretas y enormes: paga la escuela, la medicina, el techo, el cumpleaños. Negarlo sería injusto. Para muchas madres ese envío es la prueba de que la distancia tiene un sentido, de que el sacrificio se convierte en cuidado.

Pero el mismo envío que resuelve, recuerda. Recuerda que se está lejos para poder enviarlo. Que el trabajo de aquí se vuelve cosas allá, mientras la presencia, que no se puede transferir, espera turno en una videollamada.

“La presencia no se puede transferir.”

A veces la culpa viaja en el mismo paquete. Se envía un poco más para compensar una ausencia, se dice que sí a un gasto imposible, se promete lo que el sueldo no alcanza. Y del otro lado, sin mala intención, un niño puede aprender a medir el cariño en cosas que llegan.

Nadie es culpable de eso. La madre no debería tener que demostrar amor con dinero, ni el hijo cargar con la cuenta emocional de la emigración. La remesa es una responsabilidad de los adultos, no el precio de una conversación.

Ayuda hablar del dinero con verdad y según la edad: para qué alcanza, cuánto cuesta ganarlo, por qué a veces hay que esperar. Un niño que entiende el esfuerzo recibe algo más que un regalo.

El dinero sostiene la casa. Lo demás lo sostiene la llamada que no se apura, la historia contada dos veces, el «estoy orgullosa de ti» dicho sin motivo.

Para pensar hoy

¿Qué le dirías hoy a quien espera tu envío, si solo pudieras mandarle palabras? Cuéntamelo en los comentarios.

Una conversación que continúa

Mi Voz escribe sobre emigración, maternidad, familia y crianza desde la experiencia cotidiana.

Volver al inicio ↑

Katia Santana Palacio — Escritora 🖋️

Déjame tu comentario

Deja una respuesta