Hoy quiero recordarte algo, sin vueltas: Ecos de mi memoria sigue ahí, esperando a quien todavía no lo ha leído.
No es un libro que promete consuelo fácil. Lo escribí como un viaje hacia el origen: la familia, las raíces, los recuerdos que se niegan a morir, aunque uno quiera dejarlos atrás.
No busca frases bonitas que se olviden al cerrar la página. Busca convertir el dolor en algo que se pueda sostener con las manos, sin esconderlo debajo de nada.
Y aquí viene la parte que más me gusta explicar: este libro no pide que estés roto para leerlo. Pide algo mucho más simple. Que estés dispuesto a sentir.
Eso es todo. No hace falta estar en crisis, ni cargar con una herida abierta. Basta con querer sentirse acompañado, sea como sea el momento en el que estés.
Escribí este libro para acompañar, no para señalar heridas. Para que alguien, en algún lugar, lo abra y piense «esto también me pasó a mí», y se sienta un poco menos solo al cerrarlo.
Si todavía no lo has leído, está disponible en Amazon, en formato digital y en papel. Y si ya lo leíste, me encantaría saber qué parte se quedó contigo: las reseñas, aunque sean cortas, ayudan más de lo que la gente imagina.
Un libro solo cumple su propósito cuando llega a las manos de quien lo necesita. Por eso sigo hablando de Ecos de mi memoria, aunque ya lleve tiempo publicado: porque en algún lugar, alguien todavía lo está esperando sin saberlo.
— Katia Santana Palacio
Autora de historias que no se olvidan.
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