Jueves, 8 de octubre de 2026Por Katia Santana Palacio
MI VOZ
EmigraciónMaternidadFamiliaCrianza
Una mirada íntima a los vínculos que cruzan fronteras.
Opinión / Familia
Las abuelas que crían por segunda vez
Cuando una madre emigra, casi siempre hay otra mujer que vuelve a empezar: la que se queda criando.
Por Katia Santana Palacio · Escritora
Katia Santana Palacio
Escritora y autora de la columna Mi Voz.
Se levanta a la hora de la escuela. Prepara la merienda, firma el cuaderno, aprende nombres de maestras que no son las de sus propios hijos. Detrás de casi cada madre que emigra hay una abuela que volvió a criar, a los sesenta o a los setenta, con las mismas manos y otro cansancio.
Lo hace por amor, y esa es la razón verdadera. Pero el amor no quita el cansancio, y el cansancio de quien cría por segunda vez merece nombrarse. No se corre detrás de un niño igual a los treinta que a los sesenta. No se aguanta igual una madrugada de fiebre cuando el cuerpo ya pide descanso.
Estas mujeres sostienen dos casas: la que tienen delante y la que su hija imagina desde lejos. Informan sin alarmar. Resuelven sin contar todo lo que costó. A veces minimizan los problemas para no preocupar; a veces cargan en silencio con decisiones que deberían compartirse.
Entre la madre que llama y la abuela que cuida puede aparecer una tensión que ninguna de las dos busca. Una da instrucciones desde la distancia; la otra recibe el día con las manos. Si no se habla claro, el niño crece entre dos autoridades que se quieren y no siempre se entienden.
“Un «gracias por criar conmigo» dicho a tiempo vale más que cualquier paquete.”
Hace falta un acuerdo sencillo y repetido: quién pone los límites, cómo se cuentan las malas noticias, qué espacio tiene cada una para decidir. Y hace falta gratitud en voz alta, no solo en transferencias.
Los niños lo saben a su manera. Saben que la abuela es refugio y es norma, abrazo y regaño. Cuando crezcan, recordarán esas manos dos veces cansadas como uno de los lugares más seguros de su infancia.
Esta columna es para ellas, las que creyeron haber terminado de criar y volvieron a empezar. Su trabajo se ve. Que alguien se lo diga hoy, sin esperar una fecha especial.
Para pensar hoy
¿Quién cría hoy contigo, aunque nadie lo diga? ¿Cuándo fue la última vez que le diste las gracias en voz alta? Cuéntamelo en los comentarios.
Una conversación que continúa
Mi Voz escribe sobre emigración, maternidad, familia y crianza desde la experiencia cotidiana.
Volver al inicio ↑
Katia Santana Palacio — Escritora 🖋️
Deja un comentario