La maleta que no se termina de desempacar

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Miércoles, 7 de octubre de 2026Por Katia Santana Palacio

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Opinión / Emigración

La maleta que no se termina de desempacar

Hay maletas que se quedan abiertas meses, como si cerrarlas fuera aceptar que la vida cambió de lugar.

Por Katia Santana Palacio · Escritora

Katia Santana Palacio, escritora

Katia Santana Palacio

Escritora y autora de la columna Mi Voz.

Toda emigración tiene una maleta que tarda en cerrarse. No es la del equipaje: es la otra, la que queda abierta en una esquina del cuarto, con una muda de ropa lista «por si acaso». Por si hay que volver corriendo. Por si esto no funciona. Por si la vida decide otra cosa.

Desempacar del todo sería admitir que el regreso no es mañana. Y esa admisión duele más que la despedida del aeropuerto, porque la despedida tuvo abrazos y testigos; esta ocurre en silencio, un martes cualquiera, frente a un cajón vacío.

Quien emigra aprende a vivir con un pie en cada orilla. Celebra un cumpleaños por videollamada mientras oye la fiesta de los vecinos del edificio. Aprende el nombre de las calles nuevas sin olvidar el de las viejas. Compara precios, horarios y acentos con una contabilidad que nadie le pidió llevar.

Desde fuera, la vida del emigrante parece una lista de logros: el trabajo, el envío, la foto en un lugar bonito. Desde dentro, es una lista de duelos pequeños. El olor de una cocina que ya no es la suya. La broma que tarda un segundo más en entenderse. La madre propia envejeciendo en una pantalla.

“Desempacar del todo sería admitir que el regreso no es mañana.”

Hay días en que la maleta abierta consuela: recuerda que siempre queda la posibilidad de volver. Y hay días en que pesa como una deuda, porque mientras siga abierta ninguna de las dos casas termina de ser la casa.

Tal vez desempacar no sea rendirse. Tal vez sea guardar la ropa en el cajón, colgar la foto en la pared, plantar algo que tarde en crecer. No porque el país de origen importe menos, sino porque la vida también merece vivirse donde transcurre.

La maleta se cerrará cuando tenga que cerrarse. Hasta entonces, esa esquina del cuarto guarda el mapa de alguien que amó tanto un lugar que le cuesta habitar otro, y que igual se levanta cada mañana.

Para pensar hoy

¿Qué sigue «por si acaso» en tu vida, aunque ya hayas decidido quedarte? Cuéntamelo en los comentarios.

Una conversación que continúa

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Katia Santana Palacio — Escritora 🖋️

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