Hay una pregunta que me hacen mucho: ¿cómo se encuentra la voz propia al escribir? La respuesta honesta es que no se encuentra de un día para otro. Se construye, se prueba, se equivoca, se vuelve a intentar.
Cuando empecé a escribir, quise sonar como los autores que admiraba. Quería esa cadencia, esas metáforas, esa manera de construir la frase. Lo intenté durante un tiempo. El resultado era correcto, pero vacío. Le faltaba algo que todavía no sabía nombrar: mi propia manera de decir las cosas.
La voz propia no es un estilo que se copia de otro escritor. Es la forma en que tú, y solo tú, decides mirar el mundo y ponerlo en palabras. Nadie más tiene tu combinación exacta de experiencias, de silencios, de maneras de nombrar lo que ve.
Encontrarla lleva tiempo, y lleva algo más difícil todavía: valentía. Escribir con voz propia significa arriesgarte a que no le guste a todo el mundo. Significa aceptar que un texto de verdad tuyo no va a sonar como el de nadie más, y eso, para algunos lectores, será extraño antes de ser memorable.
Yo dejé de intentar sonar como otros el día que entendí algo simple: no escribo para que me comparen bien con nadie. Escribo para que lo que digo se quede.
Si estás empezando a escribir y todavía sientes que imitas a alguien, no te preocupes: es parte del camino. La voz propia no se impone: se descubre escribiendo con honestidad, una y otra vez, hasta que ya no puedes escribir de ninguna otra manera.
Katia Santana Palacio — Escritora
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