MI VOZ
Una mirada íntima a los vínculos que cruzan fronteras.
Opinión / Maternidad
¿Cuánto tiene que perder una mujer para ser una buena madre?
Admiramos a la madre que lo entrega todo y sospechamos de la que se guarda algo. ¿En qué momento olvidarse de una misma se volvió virtud?
Por Katia Santana Palacio · Escritora

Katia Santana Palacio
Escritora y autora de la columna Mi Voz.
Es una madre ejemplar. Nunca piensa en ella.
La frase pretende ser un elogio. A mí me obliga a detenerme. ¿En qué momento olvidarse de una misma se volvió virtud? ¿Por qué admiramos a la mujer que lo entrega todo y sospechamos de la que se guarda algo?
He escuchado muchas veces que una madre hace cualquier cosa por sus hijos. Entiendo de dónde sale. Hay enfermedades, hay carencias, hay momentos en que una hace lo que puede, hasta lo que antes creía imposible. Lo que me preocupa es que esa entrega se vuelva una exigencia para toda la vida.
Ya no basta con cuidar. Hay que demostrar cuánto cuesta.
Una mujer decide volver a estudiar y enseguida aparece la pregunta: ¿y los niños? Quiere trabajar, salir una noche o dedicarle tiempo a un proyecto, y siente que tiene que dar un informe de quién se va a ocupar de la casa. Antes de contar lo que quiere, explica cómo evitará que su deseo moleste a los demás.
A veces ni hace falta que alguien le pregunte. Ella misma se adelanta.
Quiero hacerlo, pero mis hijos son lo primero.
Como si querer algo para sí pusiera en duda su amor.
Lo más difícil es reconocer cuánto de ese juicio llevamos dentro. Defendemos el derecho de otra mujer a descansar y nos sentimos culpables cuando nos toca a nosotras. Le aconsejamos que aproveche una oportunidad y rechazamos la nuestra porque alguien tendría que reorganizarse.
Llamamos egoísmo a una necesidad que en cualquier otra persona entenderíamos.
Antes de contar lo que quiere, explica cómo evitará que su deseo moleste a los demás.
No creo que la maternidad deba quedar fuera de toda crítica. Los hijos necesitan cuidado, estabilidad y adultos que respondan por ellos. Pero eso no se resuelve exigiendo que una sola mujer esté disponible para todo, siempre.
Una casa da trabajo. Una familia necesita acuerdos. Si todo termina en las manos de la madre, hay algo en ese reparto que revisar.
Me incomoda también que le digan a una mujer que puede con todo y nadie le pregunte cómo está. Quizás aprendió a resolver porque no tenía alternativa, y cumple mientras acumula cansancio y enojo. Desde afuera vemos las cosas hechas; casi nunca lo que le cuesta seguir haciéndolas.
Llamarla incansable no le devuelve el descanso.
También hay que hablar de lo que nos decimos entre mujeres. Yo crié a los míos sin ayuda. Yo nunca los dejaba. Yo renuncié a eso cuando fui madre. Cada una sabe lo que vivió, pero haber cargado con algo no nos da derecho a ponérselo a otra.
Quizás aquella renuncia fue necesaria. Quizás la eligió. Quizás todavía duele. Merece escucharse entera, sin convertirla en regla para las demás.
Pienso en las mujeres que dejaron estudios a medias, que abandonaron un oficio o fueron aplazando una idea hasta que nadie recordaba que la habían tenido. A veces hablan de esos deseos como si fueran de otra persona: antes me gustaba escribir, yo quería aprender, de joven pensaba…
Esos proyectos no tenían por qué quedar enterrados para que su maternidad se viera respetable.
Una madre también puede querer reconocimiento, dinero propio, una profesión, una tarde a solas. Puede querer a sus hijos y estar harta de las tareas. Puede agradecerle a su familia y pedir cambios en cómo viven. Decirlo permite conversar sobre lo que pasa en una casa; callarlo solo mantiene la apariencia de que todo está bien.
Por eso desconfío del sacrificio como medida del amor. Hay renuncias que protegen a los hijos y otras que sostienen la comodidad de quienes podrían hacer más. Para distinguirlas hay que hacerse preguntas que no siempre queremos contestar: ¿quién tiene tiempo libre?, ¿quién cancela sus planes?, ¿quién recuerda todo lo que falta?, ¿por qué damos por hecho que le toca a ella?
Antes de celebrar cuánto ha perdido una madre, prefiero saber qué apoyo tuvo y qué opciones le quedaron.
Y si un día decide recuperar algo suyo, espero que podamos escucharla sin pedirle que lo justifique en nombre de sus hijos.
Esto lo quiero para mí debería ser una frase que una madre pudiera decir sin bajar la voz.
Para pensar hoy
¿Qué deseo tuyo llevas tanto tiempo aplazando que ya hablas de él en pasado? Cuéntamelo en los comentarios.
Una conversación que continúa
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Katia Santana Palacio — Escritora 🖋️
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