El miedo de que alguien te lea (y por qué hay que publicar igual)

Hay un instante que ningún curso de escritura prepara: el segundo antes de que alguien más lea lo que escribiste.

Hasta ese momento, el texto es solo tuyo. Te pertenece con tus dudas, tus tachones, tus versiones descartadas. En cuanto alguien lo abre, deja de ser solo tuyo. Pasa a vivir también en la cabeza de otro, interpretado con sus propios ojos.

Ese miedo tiene nombre: miedo a que no entiendan, miedo a que juzguen, miedo a que digan que no era para tanto. Lo he sentido con cada libro que he publicado, sin excepción.

Y he aprendido algo importante: ese miedo no desaparece con la experiencia. No se aprende a escribir esperando a que se vaya. Se aprende a escribir con él sentado al lado, sin dejar que decida por ti.

Guardar un texto por miedo a que lo lean es la forma más silenciosa de no terminarlo nunca. Un libro que nadie lee no cumple su propósito, por bien escrito que esté. La valentía de escribir con verdad no sirve de nada si se queda encerrada en un cajón.

Publicar es un acto de valentía distinto al de escribir. Escribir exige verdad. Publicar exige soltar el control sobre cómo esa verdad va a ser recibida, por gente que no conoces y que no te debe explicaciones sobre lo que opine.

No todos van a entenderte. Algunos van a juzgar sin haber leído completo. Pero otros, los que de verdad importan, van a encontrar en tus palabras algo que también les pasó a ellos y que no sabían cómo nombrar.

Por esos lectores vale la pena el miedo. Por esa persona que necesitaba justo esas palabras, en ese momento exacto, escritas por alguien que no le tuvo miedo a terminarlas y soltarlas al mundo.

Si estás escribiendo algo que te da miedo publicar, tómalo como una señal. Casi siempre, lo que más miedo da es justo lo que más falta hace.

— Katia Santana Palacio
Autora de historias que no se olvidan.

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