La maquetación interior: lo que nadie ve, pero todo lector siente

Cuando alguien piensa en publicar un libro en Amazon, piensa en la portada, en el título, en la sinopsis. Pocos piensan en el interior. Y el interior es lo que el lector tiene entre las manos durante horas.

Aprendí esto a la fuerza, corrigiendo página por página. Un libro no se lee bonito solo porque la historia sea buena. Se lee bonito porque el ojo no tropieza.

La sangría en la primera línea de cada párrafo no es un capricho estético. Es una señal silenciosa: aquí empieza una idea nueva. Sin ella, el texto se convierte en un bloque continuo que cansa antes de tiempo.

El texto justificado, con los márgenes parejos a ambos lados, tampoco es adorno. Es lo que hace que una página se vea como la página de un libro y no como una publicación de blog. Porque no es lo mismo: un blog respira distinto que una novela.

Y hay algo más pequeño todavía, algo que casi nadie nota hasta que se lo señalan: la repetición de un nombre. Si el nombre de un personaje aparece tres veces en un mismo párrafo, algo está fallando. Ahí es donde entran el pronombre, el apodo, la frase reconstruida. Pequeños ajustes que hacen que el lector no se dé cuenta de que está leyendo: solo esté viviendo la historia.

Nada de esto se aprende en un curso rápido. Se aprende maquetando, corrigiendo, comparando tu archivo con libros que ya admiras, hasta encontrar el estándar que no estás dispuesta a bajar.

Por eso, cuando alguien me pregunta cuánto tiempo toma publicar un libro bien hecho, no hablo solo del texto. Hablo también de esto: del formato que sostiene la historia sin que el lector jamás lo note.

Si estás por autopublicar tu primer libro, no dejes la maquetación para el final. Es, literalmente, la voz con la que tu historia va a hablar.

— Katia Santana Palacio
Autora de historias que no se olvidan.

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