Alguien me preguntó una vez por qué escribí Raíces del Alma en poesía y no en prosa. La respuesta es más sencilla de lo que parece: hay temas que no caben en una frase larga.
El exilio, la familia que se queda en otro país, la infancia que uno lleva encima aunque hayan pasado los años — todo eso pide otra forma. Pide una imagen. Pide una pausa entre un verso y el siguiente, ese silencio que también dice algo.
Por eso escribí los 37 poemas de este libro cuidando la métrica y la rima. No fue un capricho técnico, fue una manera de darle orden a algo que, por dentro, no lo tenía. Admiro a José Ángel Buesa por eso: por saber convertir la resignación en algo que suena sereno, casi en paz, sin perder la verdad de lo que costó llegar hasta ahí.
La poesía obliga a elegir cada palabra. No hay espacio para relleno, ni para explicar de más. Y quizás por eso funciona tan bien para hablar de raíces: porque una raíz tampoco necesita explicación, solo necesita que alguien la reconozca.
Si Raíces del Alma alguna vez te acompañó un rato entre las manos, ya sabes de qué hablo. Y si todavía no lo has leído, ahí sigue, esperando, en Amazon, en Kindle y en tapa blanda.
— Katia Santana Palacio
Autora de historias que no se olvidan.
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