Escribir el libro es solo la mitad del trabajo. La otra mitad empieza cuando lo subes a Amazon y tienes que tomar decisiones que nadie te explica bien.
Una de ellas es elegir las categorías y las palabras clave.
Suena técnico, y lo es. Pero no es un trámite menor: es la diferencia entre que tu libro aparezca frente al lector correcto o se quede invisible entre millones de títulos.
Es tentador llenar esas casillas rápido, casi sin pensarlo, solo por terminar el proceso y ver el libro publicado. Yo también sentí esa prisa. Pero esta parte merece la misma calma que cualquier otra del camino.
Las categorías le dicen a Amazon quién debería ver tu libro. Las palabras clave le dicen qué está buscando esa persona cuando todavía no sabe que tu libro existe. Si las eliges mal, tu historia puede ser excelente y aun así no encontrar a nadie.
Se habla mucho de escribir, de editar, de diseñar la portada. Se habla poco de esta parte silenciosa: la que ocurre después de cerrar el archivo, frente a una pantalla llena de casillas que hay que llenar con cuidado.
Lo que me ha servido: pensar primero en quién es el lector, no en cómo me gustaría clasificar el libro. Preguntarme qué escribiría esa persona en el buscador si no supiera mi nombre ni el título. Elegir categorías específicas en vez de amplias, aunque parezca que así llego a menos gente. Es al contrario: ahí es donde un libro se destaca, no donde se pierde.
Autopublicar no termina cuando subes el archivo. Empieza ahí. Y esa parte técnica, la que parece fría, también merece la misma seriedad con la que escribiste cada página.
Si estás por publicar tu primer libro, no te saltes este paso. Tómate el tiempo. Vale la pena.
— Katia Santana Palacio
Autora de historias que no se olvidan.
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