Hay una diferencia enorme entre escribir mucho y escribir bien. Vivimos rodeados de la idea de que hay que producir sin parar, publicar seguido, ocupar espacio. Yo elegí lo contrario.
No me interesa llenar estantes. Me interesa que, si alguien lee una sola página mía, esa página se quede con él mucho después de haber cerrado el libro.
Eso tiene un precio. Significa decir que no muchas veces: no a publicar antes de tiempo, no a la frase que suena bonita pero no dice nada, no al capítulo que solo existe para llenar espacio.
El oficio de escribir no se sostiene en la inspiración. Se sostiene en el criterio. Saber qué frase se queda y cuál se elimina, aunque haya costado horas escribirla. Cortar no es perder: es dejar que lo esencial respire.
Con el tiempo entendí que no escribo para aparecer un día y desaparecer al siguiente. Escribo para quedarme. Y esa diferencia lo cambia todo: cómo elijo las palabras, cuánto tiempo le doy a un texto antes de soltarlo, qué estoy dispuesta a sacrificar por una historia que valga la pena.
No busco ser una autora que publica rápido. Busco ser una autora que, dentro de diez años, siga teniendo lectores que vuelvan a sus libros.
Katia Santana Palacio — Escritora
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