👉 Katia Santana – Escritora & Poeta

Autora de *Ecos de Vida* y *Raíces del Alma*, su obra entrelaza memoria, sanación y amor propio. A través de la poesía, transforma el dolor en arte y las heridas en fuerza. Desde su historia de vida, inspira a otros a reconstruirse con dignidad, esperanza y luz.

Hace muchos días quería escribir sobre esto.

Me molesta la percepción vana y vacía de personas frías de alma y de corazón, que miran desde el juicio y no desde la comprensión.

Me duele cómo se malinterpreta a una mujer que trabaja, que cumple con su puesto, que no abandona sus responsabilidades, pero que también es humana.

Una mujer que puede regalar un abrazo, una sonrisa, un gesto de cercanía, sin que eso signifique otra cosa.

¿Por qué se señala a quien no invade, pero sí recibe visitas constantes en su espacio de trabajo?

¿Por qué se cuestiona a quien permanece en su lugar, pero no a quien interrumpe, se acerca, conversa o busca ese minuto de risa?

A veces el problema no es el gesto, sino la mirada que lo juzga.

A veces, trabajar en Estados Unidos es aprender a traducirse a uno mismo.

Vengo de una cultura donde el abrazo no se pide, se da.

Donde el saludo lleva calor, donde un beso en la mejilla no invade, acompaña.

Donde tocar un hombro es decir “te veo”,

y estrechar a alguien es una forma de respeto, no de exceso.

Pero aquí, en espacios donde conviven tantas nacionalidades, el cuerpo también es juzgado.

El gesto se malinterpreta.

La cercanía se confunde.

Una mujer que abraza, que sonríe, que saluda con afecto,

no siempre es vista como alguien amable,

sino como alguien “demasiado libre”,

como si el cariño tuviera precio,

como si el afecto fuera sinónimo de liviandad.

Y no.

No es coqueteo.

No es provocación.

No es falta de valores.

Es cultura.

Es raíz.

Es isla.

Ser cubana es llevar el corazón por fuera,

es no saber saludar desde la frialdad,

es no entender la distancia como norma.

He aprendido a cuidar mis gestos,

no porque estén mal,

sino porque el mundo no siempre sabe leerlos.

Pero no renuncio a quien soy.

Porque abrazar no me hace menos digna.

Ser cálida no me hace ligera.

Y amar a la gente no me convierte en algo que no soy.

Soy una mujer íntegra,

con historia, con valores, con alma.

Y si mi forma de estar en el mundo incomoda a algunos,

eso no me ensucia…

solo revela desde dónde miran ellos.

Es una lástima que lo que escribo aquí no llegue justamente a quienes más lo necesitan leer.

A quienes juzgan sin preguntar,

a quienes miran desde la frialdad

y no desde la humanidad.

Es una lástima no tener su contacto,

no poder ofrecerles estas palabras como puente,

como explicación,

como invitación a mirar distinto.

Cómo me gustaría que este texto llegara a ellos.

No para convencerlos,

sino para que, al menos una vez,

miraran con menos dureza

y con un poco más de alma.

Posted in

Deja un comentario