Hay imágenes que no necesitan explicación:
mis hijos sosteniendo mi libro,
mi madre mirándome desde su portal en San Blas,
y yo en la pantalla, con el corazón saltándome en el pecho.
Hoy Raíces del Alma hizo su viaje más importante.
No cruzó países ni caminos.
Cruzó algo más grande:
la distancia emocional que a veces deja la vida cuando nos obliga a separarnos.
Ver a mis hijos leyendo mis palabras,
ver a mi madre abriendo el libro con sus manos,
sentir que mi historia regresó al lugar donde nació…
fue un regalo que no esperaba,
pero que siempre deseé.
Mi libro se fue conmigo cuando crucé selvas y fronteras,
pero hoy volvió al punto de partida:
mi familia.
Y entendí que hay cosas que el tiempo jamás rompe.
Que el amor encuentra su camino.
Y que las raíces, por más lejos que crezcan…
siempre regresan al alma.
Lo que debe quedarse, se quedará.

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