Hay pérdidas que se sienten como un silencio que no termina.
No hay ruido, no hay gritos, solo una ausencia que duele…
y un nombre que sigue resonando aunque ya no esté.
Se fue mi amigo.
Y con él, una parte de los días sencillos,
de las risas compartidas,
de esas conversaciones que solo el alma entiende.
Hoy el mundo sigue igual…
pero algo dentro de mí cambió.
Como si el aire pesara distinto,
como si la vida me hablara más bajito.
No me despido con tristeza,
me despido con gratitud.
Por su risa, por su bondad,
por cada huella que dejó sin saberlo.
Porque cuando un amigo muere,
no se va del todo.
Solo se adelanta un poco,
y deja encendida una luz para que uno no se pierda.
Y en esa luz…
yo seguiré encontrándolo. 🌙

Deja un comentario