Bendito sea el hombre que llega sin malas intenciones, y con sinceridad, a la vida de una mujer.
Aquel que le brinda seguridad y la hace sentir hermosa, inteligente, cómplice de sus locuras, pero sobre todo, amada, respetada y deseada.
Bendito sea el que ofrece más cariño que problemas, el que se gana su confianza con paciencia, y es capaz de sanar heridas que no provocó.
Aquel que no llega con mentiras ni traiciones, el que aún sabe ser caballero, y entiende que el romanticismo no ha muerto: solo espera a alguien que lo merezca.
El que no llega a hacer llorar, sino a limpiar lágrimas. El que sabe que el amor no se mendiga, se cuida. Y protege a la mujer que ama como un tesoro.
Bendito sea ese varón maduro que no necesita conquistar cien mujeres para sentirse valioso, porque ya aprendió que un verdadero hombre es quien convierte a su compañera en su mujer, su amiga y su amante.
Aquel que puede ser tan tierno como apasionado, tan cuerdo como loco, tan real como un suspiro.
Bendito sea ese hombre…
Y bendita la mujer que sepa reconocerlo, y corresponderle con la misma luz.
Katia Santana Palacio — Escritora

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