🌙 El banco del tiempo

Había una vez una mujer que caminaba todos los días por el mismo sendero. No llevaba prisa, pero tampoco se detenía. Tenía los bolsillos llenos de recuerdos y el corazón cansado de esperar.

Un día, mientras descansaba bajo un árbol, apareció un anciano con ojos de cielo y voz tranquila.

—¿Qué buscas? —le preguntó.

—Tiempo —respondió ella—. Tiempo para volver a sentir, para no pensar tanto, para perdonarme.

El anciano sonrió y le señaló un banco de madera a la orilla del camino.

—Ese es el banco del tiempo —dijo—. Siéntate, pero recuerda: aquí el reloj no se detiene, solo cambia de dueño.

Ella se sentó. Cerró los ojos. Y por primera vez en muchos años no sintió culpa por detenerse.

El sol acarició su rostro, el viento jugó con su cabello, y entendió que el tiempo que tanto buscaba no estaba perdido.

Estaba en ella.

Katia Santana Palacio — Escritora

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