✍️ Por Katia Santana
Forjaron mi corazón a fuego lento,
entre golpes, pérdidas y silencios.
Lo templaron los inviernos sin abrazos,
las noches sin nombre
y los días que dolían más que el hambre.
Dicen que tengo un corazón de hierro,
y tal vez sea cierto.
Porque aprendí a no doblarme
aunque el mundo intentara romperme.
Porque me hice armadura
cuando no quedaban piel ni lágrimas.
Pero el hierro también guarda calor,
cuando lo besa el fuego.
Y aunque nadie lo note,
a veces aún late despacio,
como si recordara
que una vez fue carne,
que una vez fue amor.
Corazón de hierro, sí,
pero no sin alma.
Late distinto,
calla distinto,
y brilla, aunque esté cubierto de ceniza.
Porque resistir no es ser de piedra,
es seguir amando con cicatrices,
seguir creyendo,
aun sabiendo cuánto duele creer.

Deja un comentario