“Cuando el alma aprende a soltar”

Hay cosas que no terminan porque dejamos de amarlas. Terminan porque seguir sosteniéndolas empieza a costarnos demasiado.

A veces permanecemos por costumbre, por recuerdos, por miedo o por la esperanza de que algo vuelva a ser como antes. Nos aferramos a personas, lugares y etapas que alguna vez fueron importantes, aunque ya no nos hagan bien.

Creemos que soltar es perder.

Pero a veces perder es seguir insistiendo en algo que ya cambió. Seguir esperando una versión de alguien que ya no existe. Seguir ocupando un lugar donde hace tiempo dejamos de sentirnos en casa.

Soltar tampoco significa borrar lo vivido.

Hay recuerdos que pueden acompañarnos sin dirigir nuestra vida. Hay personas que pueden haber sido importantes sin tener que seguir formando parte de nuestro presente.

No todo lo que amamos está destinado a quedarse. Y aceptar eso no disminuye lo que significó. Solo nos obliga a reconocer cuándo una historia dejó de sostenernos y empezó a pesarnos.

Con el tiempo, la pregunta cambia.

Ya no es:

“¿Cuánto me dolerá soltar?”

Sino:

“¿Cuánto más me va a costar seguir sosteniendo esto?”

Porque algunas cosas no se pierden cuando las soltamos.

Nos perdemos nosotros cuando insistimos demasiado en retenerlas.

Katia Santana Palacio — Escritora

Deja un comentario