El idioma que se hereda

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Miércoles, 14 de octubre de 2026Por Katia Santana Palacio

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Opinión / Emigración

El idioma que se hereda

Un idioma no se pierde de golpe. Se va apagando donde ya nadie lo usa.

Por Katia Santana Palacio · Escritora

Katia Santana Palacio, escritora

Katia Santana Palacio

Escritora y autora de la columna Mi Voz.

A muchas madres hispanas les pasa lo mismo. El niño empieza la escuela, aprende inglés y poco a poco, en la casa, ya no quiere hablar español. Contesta en inglés, pide las cosas en inglés, y la abuela, del otro lado de la pantalla, no entiende bien.

Detrás hay un miedo que casi nadie dice: que los hijos pierdan el idioma. Ese miedo vive en cada dilo en español, mi amor.

El español de la casa no se enseña con lecciones. Se pega en la cocina, en los regaños, en la canción de cuna que la madre canta sin darse cuenta. Nadie da clases de lengua materna. Se vive en ella y ya.

Las abuelas lo saben. En cada videollamada repiten las palabras despacio y celebran una frase bien dicha como si fuera un premio. Para un niño, que la abuela lo entienda es una razón para no soltar su lengua.

Muchos padres se sienten culpables cuando el hijo mezcla los idiomas o prefiere el de la escuela. Pero un niño que cambia de idioma según el cuarto donde está hace lo mismo que cualquiera que vive en dos mundos. Y a quien aconseje hablarle solo en inglés para que no se atrase se le puede contestar que dos idiomas no le quitan nada. Lo que lo empobrece es crecer sin las palabras con que su familia dice cariño.

Lo primero que se pierde no es el vocabulario. Son los matices: el diminutivo que acaricia, el refrán que lo dice todo, la palabra que en otro idioma necesita una frase completa. Eso no se aprende en un curso.

Un idioma no se pierde cuando se olvida una palabra. Se pierde cuando ya no hay con quién reírse en él.

Por eso importan la llamada con la abuela, el cuento antes de dormir, la sobremesa larga. El idioma vive donde hay cariño. Donde solo hay obligación, se apaga.

A veces el hijo lo rescata solo, ya grande. Un día entiende que en esa lengua están las historias de su familia y vuelve a ella.

Que hablen con acento mezclado, qué importa. Que cuando digan mamá suene a casa.

Para pensar hoy

¿Qué palabra de tu casa no se puede decir en otro idioma? Cuéntamela en los comentarios.

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Katia Santana Palacio — Escritora 🖋️

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