Todos hablan de escribir el primer borrador. Casi nadie habla de lo que viene después, que es donde realmente se hace un libro.
El primer borrador no es el libro. Es el material. Es la arcilla antes de que la mano empiece a darle forma. Yo aprendí esto tarde, y me costó aceptarlo: la parte que se siente como magia, esa primera vez que las palabras salen y una historia empieza a existir, no es la parte que decide si el libro va a funcionar.
Lo que decide es la reescritura. Volver sobre cada página con otros ojos. Cortar lo que sobra, aunque me haya costado escribirlo. Cambiar una palabra tres veces hasta que suene como debía sonar desde el principio. Leer un párrafo en voz alta y notar dónde el ritmo se cae.
Reescribir no tiene el encanto del primer impulso. Es trabajo lento, repetido, a veces aburrido. Pero es ahí, en esa parte que nadie ve, donde un texto pasa de ser una idea a ser un libro que alguien va a querer terminar de leer.
Con cada manuscrito que corrijo aprendo lo mismo: la disciplina de volver es más importante que la inspiración de empezar. Un escritor que solo sabe empezar tiene muchas primeras páginas. Un escritor que aprende a reescribir tiene libros terminados.
Si estás escribiendo algo tuyo ahora mismo, no le tengas miedo a lo que tu primer borrador todavía no es. No tiene que estar bien. Tiene que existir, para que después puedas volver y hacerlo bien. Esa segunda vuelta, la que casi nadie ve, es el verdadero oficio de escribir.
— Katia Santana Palacio
Autora de historias que no se olvidan.
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