En Amazon, un lector no te conoce. No sabe si escribes bien, no sabe si tu historia vale la pena, no sabe nada de ti. Lo único que tiene para decidir es un puñado de líneas: la descripción del libro.
Cuando publiqué mi primer título, escribí la descripción como si fuera un resumen escolar. Conté la trama de principio a fin, ordenada, correcta, y completamente aburrida. Nadie compra un libro por un resumen. Compran un libro por una promesa.
La descripción no tiene que contarlo todo. Tiene que abrir una pregunta que el lector necesite responder. Tiene que decirle qué va a sentir, no solo qué va a leer.
Aprendí a empezar con una frase que golpee, no con un «esta es la historia de…». Una frase que ya diga algo sobre el tono del libro. Si mi voz es directa y sin adornos, la descripción también tiene que sonar así desde la primera línea.
Después, dos o tres párrafos cortos. Ni una novela dentro de la descripción, ni una sola línea que lo diga todo demasiado rápido. El lector necesita espacio para imaginar, no un informe completo de lo que va a encontrar.
Y al final, algo que invite a decidir. No un resumen que cierre la puerta, sino una pregunta o una frase que deje al lector con ganas de abrir la primera página.
Reescribí la descripción de cada uno de mis libros varias veces. La primera versión casi nunca es la buena. Se pule igual que se pule un capítulo: leyendo en voz alta, cortando lo que sobra, quitando cualquier palabra que no esté ganándose su lugar ahí.
Si estás por publicar tu primer libro, no dejes la descripción para el final, apurada, cinco minutos antes de subir el archivo. Ese texto va a trabajar por ti todos los días, incluso cuando tú no estés mirando. Merece el mismo cuidado que le diste a cada página de tu libro.
— Katia Santana Palacio
Autora de historias que no se olvidan.
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