“¿Por qué me estás llevando por aguas tan oscuras?”
Y Él me respondió sin gritar, pero firme:
“Porque hay lugares donde solo entra el que confía… y a tus enemigos se les acaba el aire.”
Le dije con el alma cansada:
“Siento que no doy la talla… que por más que intento, siempre falta algo.”
Y Él me sostuvo con una verdad sencilla:
“No te falta nada. Te estoy puliendo.
Lo que tú llamas ‘fracaso’… Yo lo llamo ‘formación’.”
Entonces pregunté, con la voz partida:
“¿Y por qué duele tanto? ¿Por qué a veces me siento tan pequeña?”
Y Él respondió:
“Porque en esa pequeñez nace Mi fuerza.
Ahí es donde Yo me veo.”
Volví a hablarle, esta vez con los ojos mojados:
“¿Por qué tantas decepciones? ¿Por qué tantas puertas cerradas?”
Y Él me dijo:
“Porque no todo lo que se fue era pérdida.
Hay puertas que se cierran para salvarte.
Y hay cosas que duelen… porque te estaban frenando sin que lo supieras.”

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