Las cosas que nos sostienen

Hay días en los que la vida pesa más de lo que mostramos. Días en los que el alma cruje un poco, en los que la rutina parece un desierto y el corazón camina con pasos prestados.

Pero incluso en esos días, hay pequeñas fuerzas silenciosas que nos sostienen sin que lo advirtamos.

Nos sostiene la fe, aunque sea diminuta, aunque tiemble. Nos sostienen los recuerdos buenos: las voces que ya no escuchamos, las manos que alguna vez nos cuidaron. San Blas, por ejemplo, con su olor a café recién colado y esa luz antigua que nunca se apaga del todo.

Nos sostiene la esperanza, esa terquedad luminosa que insiste en que mañana puede ser diferente, aunque no tengamos pruebas.

Nos sostienen los sueños, incluso los más pequeños: un libro que queremos terminar, una llamada que esperamos, una frase que aún no ha nacido pero ya toca la puerta de nuestra voz.

Y nos sostienen las personas que cruzan nuestra vida dejando luz sin pedir nada a cambio. A veces son familia, a veces amigos, a veces simples caminantes que nos recuerdan que todavía existe bondad en el mundo.

Porque el ser humano tiene una capacidad hermosa: la de seguir de pie incluso en los días en que no sabe cómo lo hace.

Y quizás ahí esté el secreto: en reconocer que no caminamos solos.

Katia Santana Palacio — Escritora

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