✨ Cuando la luz molesta a las sombras

Hoy tuve uno de esos días que no cansan las manos, pero sí el espíritu. Días en los que el trabajo se hace pesado no por lo que toca hacer, sino por lo que otros deciden inventar.

En espacios donde hay tantas voces y tan pocas verdades, siempre aparece alguien dispuesto a torcer lo que es recto y a convertir en sospecha lo que nació desde el respeto.

Me dolió, claro. Porque cuando una ha sido clara, profesional y correcta, hiere que manchen tu nombre con historias que jamás salieron de ti.

Pero entre tanto ruido, hubo una voz que me recordó quién soy. Alguien que reconoce mi forma de expresarme y la coherencia entre lo que escribo y la mujer que intento ser cada día. Sin decir demasiado, sus palabras fueron un abrazo a mi dignidad: un recordatorio de que hay personas que no se dejan manipular por el murmullo.

Hoy puse límites. Límites tranquilos, firmes, necesarios. Y aunque el pecho me tembló, sentí paz después, porque comprendí que no debo defenderme de lo que yo no soy.

Al final del día aprendí algo sencillo: cuando una camina con la conciencia limpia, ningún rumor tiene fuerza para detenerla.

Katia Santana Palacio — Escritora

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