Un día decidí que no iba a seguir siendo mi enemiga.
Que no volvería a decirme palabras que duelen, ni a repetirme historias que me marchitan.
Decidí mirarme con ternura, hablarme con paciencia, y recordarme que sigo aquí, que sigo intentando, que sigo viva.
Porque ya entendí que la voz con la que me hablo puede salvarme o hundirme.
Y yo elegí salvarme.
Nunca más me diré que no puedo, que no valgo o que llegué tarde.
Nunca más me miraré desde la culpa o el reproche.
Hoy elijo hablarme bonito.
Elijo decirme: “lo estás haciendo bien, aunque a veces duela”.
Elijo amarme, incluso cuando no entiendo mis caminos.
Elijo creerme capaz, incluso cuando tiemblan mis manos.
Aprendí que la manera en que me hablo es la raíz de todo lo que florece en mí.
Y hoy florezco desde la voz que me abraza, no desde la que me juzga.
Así que si alguna vez me escuchas en silencio, no te preocupes.
Estoy hablándome… con amor. 🌻

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