Él no sabe de versos ni promesas,
no escribe cartas,
ni busca palabras dulces en el aire.
Pero cuando me mira en silencio,
siento que el amor existe.
No me promete el cielo,
pero me sostiene la vida.
No me dice que soy su todo,
pero se queda cuando todo se complica.
Su forma de amar no brilla en poemas,
brilla en los detalles que no se notan:
en el café que me deja listo,
en el abrazo que llega sin avisar,
en la calma que pone
donde otros pusieron ruido.
Él no dice “te amo”,
pero me cuida como si lo dijera.
No escribe versos,
pero cada día conmigo es su manera de firmarlos.
Y aunque no sepa rimar,
tiene el corazón más sincero que he conocido.
Porque hay hombres que no hablan de amor…
pero lo hacen sentir en cada gesto,
en cada acto,
en cada silencio.

Deja un comentario